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Diana

DianaAl principio del embarazo se me podía escuchar decir cosas como que “a los 6 meses a dormir en su cuarto”, “un buen cachete a tiempo…” o “a mí no me va a torear”. Después me fui sumergiendo en el embarazo, conectando con él y él conmigo. Dejando a mi instinto y al suyo hacer, y desde que nació ya no fui capaz de despegarme de él, literalmente.

La lactancia prolongada, que empezó por cuestión alimenticia se volvió en una necesidad física para los dos.

Y así es como llegamos hasta aquí, buscando un lugar donde mi mente pueda dejar de “luchar contra el mundo”, relajarnos, aprender y compartir vivencias con otras familias. Y por qué no, demostrar que hay otra forma de criar a nuestros hijos, más positiva para todas las partes.